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Cierra los ojos por un momento… ¿A qué huelen las nubes? ¿A qué huele la hierba? ¿Qué oyes cuando cierras los ojos? ¿A qué sabe la calma? ¿Cómo te visualizas cuando estás en armonía? ¿Sabrías contestar…?

Toma conciencia por unos segundos y pregúntate…

  • ¿Qué te gustaría hacer en este momento?
  • ¿Sería posible?
  • ¿Quizás por falta de tiempo no lo estás haciendo?
  • ¿Cuántas cosas haces al mismo tiempo, en el mismo día?
  • ¿Incluso planificas y agendas nuevas tareas para seguir desarrollando?

Pero ¿sabes qué? El día solo tiene 24 horas. Por más que planifiques y ajustes lo que hay es lo que hay. 24 horas, no hay más.

Sigues pensando en la cama antes de dormir aquello que no pudiste realizar en el día de hoy. ¿Cómo te estás tratando cuando ni siquiera te permites descansar? Está bien aquello que hiciste. No hay más horas. Puedes seguir improvisando y levantarte a las 05:00 h o acostarte a las 03:00 h. Al día siguiente puede que sigas improvisando y sigas sin llegar.

¿Te has parado a pensar en algún momento cuáles son tus prioridades?

¿Sabes qué es eso de la improvisación? Pues no es más que dedicarle tu tiempo a aquello que te va surgiendo en cada momento. Cuanto más improvises, más larga será tu lista de tareas por realizar, seguirás teniendo la sensación de que se te quedan tareas pendientes por hacer una y otra vez por más temprano que te levantes, por más tarde que te acuestes, por más que te sacrifiques, por no ir a ese sitio que te gusta o no quedar para una reunión familiar o con amigos, etc., etc.

¿Qué es urgente para ti?

¿Qué es importante para ti?

Si vives según el orden de prioridades, tendrás claro el valor de tu tiempo

Respira y siéntate un poco y contéstate a lo siguiente:

  1. ¿Lo urgente se impone sobre lo importante?
  2. ¿Lo importante se impone sobre lo urgente?
  3. ¿Quién domina a quién?

En cambio, si vives según el orden de prioridades, tendrás claro el valor de tu tiempo. Tendrás claro a qué quieres dedicarle tu tiempo siendo tú y solamente tú el dueño de tu tiempo. Porque el tiempo es tuyo. Y serás el que manejes la gestión del mismo.

Para ello, empieza por aquí:

  • Date permiso para disfrutar.
  • Decir no en lugar de sí.
  • Escucharte y saber qué necesitas en cada momento.
  • Establece descansos verdaderos sin boicotearnos.
  • Delega tareas.
  • No controles todo ni cada detalle.
  • Detecta tus ladrones de tiempo (móvil, correos, llamadas…).
  • Reserva a cada uno su momento, respetando esos tiempos.
  • Si tienes varias tareas que realizar, ve paso a paso, no lo hagas todo a la vez porque no harás nada bien. Y tendrás que volver al punto de partida.
  • Revisa tu nivel de autoexigencia. Acepta la imperfección y aprovéchate de ella para CUIDAR DE TI.

“Empezarás a aprovechar tu tiempo cuando seas consciente de que no es infinito”

Lola Pérez Arocha

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